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27 novembre

TRUFFAUT. VIDEOS Y PALABRAS.

Recuerdos, amor, amistad, besos, huidas, libros,secretos, París, palabras, silencios, palabras, Doinel, palabras. Cine. Truffaut.
 
Tres ejemplos ( en un azar incierto)
 
 
 

  

"Siempre he preferido el reflejo de la vida a la vida misma. Si he elegido los libros y el cine desde la edad de once o doce años, está claro que es porque prefiero ver la vida a través de los libros y del cine."
 
"Puedo añadir que el cine ha sido en mi adolescencia una clase de refugio; por ello le tengo un amor casi religioso. No puedo tener por un hombre político el mismo interés que por los cineastas que admiro, y creo firmemente que, en la historia de Inglatera del siglo XX, Charles Chaplin es más importante que Winston Churchill".
 
No me gusta responder a preguntas concretas. No es posible opinar sobre films vistos hace diez o cuatro años, cambia por completo la perspectiva. Prefiero decir que no he visto una película si solamente la he visto una vez. Creo que el problema del recuerdo es el problema del cine.
 
JULES ET JIM: Fragmentos de diálogo...

Yo no tengo razón, por eso no te quiero ni querré nunca a nadie.

Creo que para cada hombre ha sido creada una mujer que es su esposa. Pueden existir varias mujeres con las que podría tener una vida apacible, útil e incluso agradable. Pero no hay más que una que sea la esposa perfecta. Ella puede morir, puede no encontrarle nunca o puede estar casada con otro. Entonces es mejor para ese hombre no casarse. Existe para cada mujer un hombre único creado para ella, que es su esposo.

Me has dicho te quiero. Te he dicho espera. Iba a decir tómame. Me has dicho vete.

Jim, Catherine no quiere saber nada más de mí, me aterroriza perderla, y que se aparte totalmente de mi vida... Jim, quiérela, cásate con ella y déjame verla, quiero decir, si la amas, deja de pensar que soy un obstáculo.

¿Quién posee más a una mujer? ¿Aquél que la toma o aquél que la contempla? Hacen falta ambas cosas, dijo Jules.

Sabemos que en el amor la pareja no es el ideal, hemos intentado algo mejor, pero ninguna solución es mejor.

Te querré siempre, hagas lo que hagas, ocurra lo que ocurra.


 
   Truffaut.
 
 
 
25 novembre

La tarde

Subterránea y a sorbos.
Así describieron la tarde, así la bebieron.
¿Dónde esa tarde?
¿Dónde sus posos?
Sólo la sombra de pasos irregulares,
sólo la huella de trucos interrumpidos.
La llamada de lo perdurable comunica o rechaza.
De la tarde, nada.
Apenas lo que ellos saben.
Apenas lo que se olvidará mañana para regresar
- en clase vagabunda-
algún día,
quizás sobre la superficie,
quizás de un trago.
Quizás con una luna que acabe con ella.
Quizás con otros brazos en sus brazos.
Con otra risa en la yema de sus dedos.
Otros dedos para peinar su sueño.
 
C.D.G
 
   
23 novembre

TEXTO DE ENRIQUE VILA-MATAS

VENTANAS ILUMINADAS



Estoy  pensando en el gran escritor argentino Roberto Arlt  y en  aquella mañana de 1929 en la que sus compañeros de trabajo le encontraron en la redacción del  periódico con los pies  sin  zapatos  sobre la mesa, llorando, los calcetines rotos. Tenía enfrente un vaso con una rosa mustia. Ante las preguntas y las angustias de sus amigos, dijo:
-¿Pero no ven la flor? ¿No se dan cuenta que se está muriendo?
Son las cuatro de la madrugada en Barcelona y soy yo ahora el que tiene enfrente un vaso con una rosa mustia. El vaso no me quita la angustia, pero  me ayuda aún más a pensar en Roberto Arlt. En realidad pienso en él desde que ayer un amigo literato me preguntó si en alguna ocasión, al igual que hiciera Arlt en otros días, me había fijado en las ventanas iluminadas a las cuatro de la madrugada. Hizo una pausa, y luego añadió:  “Hay muchas historias en ellas”.
Y es verdad, las hay. Lo sé muy bien yo ahora, perfectamente insomne en mi personal  zona de angustia,  a las cuatro de la madrugada. Y es que  acabo de ver, más allá de la rosa mustia, la misteriosa ventana recién iluminada de un vecino, y de inmediato me he preguntado qué historia habrá en ella, qué estará  sucediendo ahí en ese  interior.
A Roberto Arlt, hombre de grandes intuiciones, las ventanas iluminadas en la alta madrugada le mantenían despierto en muchas noches interminables: “Nada más llamativo en el cubo negro de la noche que un rectángulo de luz amarilla. ¿Quiénes están ahí adentro? ¿Jugadores, ladrones, suicidas, enfermos? ¿Nace o muere alguien en ese lugar? Ventana iluminada en la alta  madrugada. Si se pudiera escribir todo lo que se oculta detrás de tus vidrios biselados o rotos se escribiría el más angustioso poema que conoce la humanidad.”
Mirando desde mi zona de angustia esa ventana iluminada del vecino, mi imaginación se ha despertado y he pensado, en primer lugar,  en alguien que a estas horas está navegando por la infinita  red de la pantalla de su ordenador. No sé por qué he elegido esta opción. El hecho es que muchas veces, al comenzar desde una zona de angustia  un texto sonámbulo como éste, pretendo llevar a cabo un acto que me  permita situarme en este mundo. Pero también es  cierto que, en cuanto escribo la primera frase,  mi angustia me deja algo parecido a un regusto de sollozo ante una rosa mustia, pues veo que mi  mundo ha quedado  ya de inmediato limitado.
Mi angustia viene de mi  deseo de ser yo mañana  una persona distinta, alguien no atado a la primera frase de sus escritos. Y logro calmarla ahora al ponerme a pensar que tal vez mi vecino está espiando otra ventana iluminada en la alta madrugada, y esa ventana es la mía y para él yo puedo estar ahora a punto de suicidarme, o tal vez celebrando un dinero ganado en un casino de juego, o, simplemente, ser alguien al que, de  tanto mirar a la rosa mustia o a la luz de su ordenador, se le han quemado las pupilas.
Ventanas que son faros en la alta madrugada. Hay muchas historias en ellas. Historias de ladrones con linternas o de moribundos que dictan su último testamento. Historias de madres que se inclinan atormentadas de sueño sobre una cuna. Historias de parejas que hacen el amor o de tipos que charlan interminablemente sobre el misterio del universo. Historias de insomnes que piensan que el más angustioso poema que se puede escribir sobre la humanidad está ahí, en las ventanas iluminadas de las cuatro de la madrugada.
Ventana iluminada del vecino, la que estoy ahora contemplando. Es la ventana de alguien que se ha asomado a la Red y tiene a su disposición el mundo entero, sin limitaciones. Me tiene incluso a mí, espía estéril que aspira a que mañana sea otro día y yo no siga siendo el que ha escrito este  texto que nació sonámbulo en la alta madrugada. Tal vez mañana consiga yo ser otro, pero creo que seguiré siendo el que  una vez más intentará de nuevo situarse en este mundo y,  para ello, desde la gran zona de angustia de la Red, volverá a escribir la primera frase sonámbula de un escrito que, de nuevo, será incapaz de abarcar un  mundo que, como el hondo aire azul,  no está en ninguna parte, y es interminable.

Canciones

 

 

 

 

22 novembre

Verdades cercanas( de Marzal)

El último de la fiesta

1
Deberías marcharte. La fiesta ha terminado.
Helada y sucia ya se anuncia el alba
con su oscuro cortejo de presagios.
Tendrías que acostarte, huir de este lugar
antes de que la luz te restituya
esa imagen de ti que ya conoces,
indefensa a tus ojos, lastimosa.

Has tocado por hoy el fondo de tu noche:
las ropas no guardan la corrección de unas horas atrás
y tu lengua está torpe,
has empezado a hurgar en la memoria
y ya no hay quien te fíe.
lo más sensato ahora sería retirarse.

2
Aquí, con convicción, ya nada te retiene.
Suena de nuevo idéntica la música
y no es fácil andar sobre el untuoso suelo del local.
Ha pasado la hora de raptarse alguna compañía
con quien querer fingir la noche inacabable,
y te será mejor no recurrir
a invitados finales,
errante cada cual en su constelación,
rezumando bebida como paredes húmedas,
dispuestos a cualquier confidencia extemporánea.

Es infame el lugar. Tal vez lo fuera siempre;
pero hasta hace poco era el teatro
idóneo para tus intenciones.
Se trataba de malgastar el tiempo,
uno más entre la turbadora clientela,
regresando al sabor bronco de noches apuradas,
de ti mismo perdido y encontrado.
El azar nos otorga reductos alejados de la severidad,
momentáneos reinos en donde nadie trata
el enojoso tema de la vida,
no importa si a conciencia o ignorantes
de que la vida huye al ser nombrada.
El azar nos obsequia y el azar nos despoja.

Así te ocurre ahora: la fiesta ha terminado,
y con la fiesta terminó el hechizo.

3
Has apurado el plazo
que la noche te había concedido,
y a quien la luz ha de traer
ya lo conoces.
Si vuelves hacia casa, con tus pasos
volverán sus pasos. Y a tu fatiga
su fatiga habrá de acompañar.
La fiesta ha terminado y queda su enseñanza:
como una vieja deuda contraída,
nada hay más imposible que escapar de nosotros.
Ya se aproxima el alba, y nadie ignora
que todo plazo acaba por cumplirse,
que toda deuda acaba por pagarse.

4
Ya ves; eso es lo que te aguarda, si te marchas,
y lo que aquí te espera no es mejor.
Conoces de antemano cuál será tu conducta:
sopesarás los dos ofrecimientos que posees
-la despoblada soledad de una fiesta ya extinta,
la habitual afrenta de estar solo contigo-
y antes de encaminarte hacia la casa
apurarás la noche un poco más.
(Un poco más, a estas torpes alturas de tu vida,
no puede ser muy malo.)
La fiesta ha terminado. Y aquí viene la luz,
la vieja hiena.

Has apurado el plazo
que la noche te había concedido,
y a quien la luz ha de traer
ya lo conoces.
Si vuelves hacia casa, con tus pasos
volverán sus pasos. Y a tu fatiga
su fatiga habrá de acompañar.
La fiesta ha terminado y queda su enseñanza:
como una vieja deuda contraída,
nada hay más imposible que escapar de nosotros.
Ya se aproxima el alba, y nadie ignora
que todo plazo acaba por cumplirse,
que toda deuda acaba por pagarse.
 
 
. 
19 novembre

I WANT TO TELL YOU

 

Jamás diré cosas que te hagan temblar.

Jamás verás atardeceres y pensarás en el atardecer que escribí,

en una servilleta,

con un azul de otra década.

Jamás darás un beso y creerás que es ese beso del que hablé,

en un poema que sólo tu viste,

el de los labios luminosos a lomos de un reflejo de Abril.

Jamás dirás Esquina y viajarás, al decirlo, a la esquina del olvido,

la que describí en la lluvia que se llevó algún llanto,

la que anida a ojerosos con fracasos insomnes.

Jamás sabrás lo que quise decirte cuando lo dije todo.

Porque sabes de sobra que todo conduce a nada.

Y la nada no hace temblar.

Y la nada no sabe de besos, de esquinas.

De atardeceres sin tí.

De cursiladas conmigo.

C.D.G

17 novembre

Cristales de Bohemia

Letra de Sabina y Prado. Música de Sabina y sus secuaces. Voz de Sabina y nuestros secretos.
Dan ganas de ser ciudad, para que alguien cante a tus calles, a tus ojeras, a tus pesares, a tus abrazos,a tus esguinces, a tus caricias, a lo que muestras, a lo que callas. A lo que eres cada vez que alguien te pisa y te tatúa.
  
 
14 novembre

Sin título

     
 
No me calzaré,
aunque queme el hielo.
No permitiré más empujón que el del viento,
que el de mis propios pies,
que no se calzarán,
aunque sangre el cielo
y el grito de esta madrugada rompa la ventana
y acristale mis pasos,
aunque se deslice el sudor de la bombilla
hasta mis talones.
Y ni el eco oirá mi lamento,
porque no habrá lamento.
Ni el folio acogerá mis versos,
porque no habrá versos.
Nunca hay versos en tus versos.
Sólo revueltos bailes de sincopados universos,
o cables pelados esperando el chispazo.

Un trago, otro trago,
hasta la sobriedad perfecta del alcohol en pena.
Sí, sobriedad.
Hasta ponerme en pie y avanzar.
Perfección sobria.
Hasta reconocerme en la pared con las manos.
Las manos, un día mías,
grandes, huecas, secas,
que palpan,
como se palpa la fruta,
la madurez de la pintura y
la consistencia del muro.
(No hacen falta ojos)
Confirmado: caerá sobre mí este muro.
Y me enterrará.
Cuando vengan será tarde.
El tiempo odia el retraso
y así lo paga el bien pagao:
Con el olvido
(que un día te bendijo)
sobre tu historia.
Con los cimientos
(que un día te elevaron)
sobre tus huesos.
Ni el perro alcantarillado querrá tus huesos,
son huesos de miedoso.
Y el miedo, desde las primeras guerras,
no goza de prestigio canino.
Y el miedo te trajo aquí, Doctor Hueco,
a la perfección sombría,
a clamar orgullos que vestían Nadas.
A rendir cuentas sin sacar banderas blancas,
a mirar el suelo como quien mira el suelo.

Un vómito, otro vómito,
hasta la ebriedad perfecta del que no tiene nada,
Sí, ebriedad.
Hasta las dos perfectas eses de tus pasos,
(Con el aplauso y las babas de Himmler,
desde algún lugar del horror)
el perfecto desorden de tus palabras
ordenadas en tu cabeza desordenada.
O el God is in the house de Nick Cave,
que te agarra de la cintura,
te zarandea,
te marea,
su voz,
te expulsa a los aires negros,
te abisma,
te devuelve a tu cuarto,
su piano,
al tercer hombre que siempre fuiste,
a tu hoy,
a tu cordura,
su voz, su piano, su ironía,
a tus pies descalzos,
que dicen no temer el hielo
la sangre
el cristal
el sudor de la luz.
Que saben,
como las manos,
¿hoy de quién?,
como estas palabras,
que el muro caerá sobre tí,
y que vendrán sólo para darte
lo que ya no tendrás entre ladrillos.
Lo que no quisiste escuchar
mientras te llenabas de alientos sin rima.
Lo que quizás ya sabías:
El silencio comprensivo.
La verdad del silencio.
La incomprensible soledad de quien está rodeado.

C.D.G
13 novembre

PESSOA

Tabaquería*

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
A parte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto,
De mi cuarto de uno de los millones en el mundo que nadie sabe
quién es
(Y si supiesen, ¿qué sabrían?),
Dais al misterio de una calle cruzada constantemente por gente,
A una calle inaccesible a todos los pensamientos,
Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
Con el misterio de las cosas bajo las piedras y los seres,
Con la muerte que mancha de humedad las paredes y hace
blancos los cabellos de los hombres,
Con el Destino que conduce la carroza de todo por el camino de
nada.
Estoy hoy vencido, como si supiese la verdad.
Estoy hoy lúcido, como si estuviese por morir,
Y no tuviese más hermandad con las cosas
Que la de una despedida, tornándose esta casa a este lado de la
calle
La hilera de vagones de un tren, y el silbido de una partida
Dentro de mi cabeza,
Y una sacudida de mis nervios y un chirriar de huesos al arrancar.
Estoy hoy perplejo, como quien pensó y halló y olvidó.
Estoy hoy dividido entre la lealtad que debo
A la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
Y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
Fallé en todo.
Como no hice ningún propósito, tal vez todo fuese nada.
El aprendizaje que me dieron,
Descendí por la ventana trasera de la casa.
Fui al campo con grandes propósitos.
Pero allí sólo encontré yerbas y árboles,
Y cuando había gente era igual a la otra.
Me retiro de la ventana y me siento en una silla. ¿En qué he de
pensar?
¿Qué sé yo lo que seré, yo, que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tanta cosa!
¡Y hay tantos que piensan ser la misma cosa que no puede haber
tantos!
¿Genio? En este momento
Cien mil cerebros se piensan en sueños genios como yo,
Y la historia no señalará, ¿quién sabe? ni a uno,
No habrá sino un muladar para tantas futuras conquistas.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay tantos locos deschavetados con
tantas certezas!
Yo, que no tengo ninguna certeza, ¿soy más cierto o menos cierto?
No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
No están en esta hora genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas—
Sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas—,
Y quién sabe si realizables,
¿Nunca verán la luz del sol real ni hallaran oídos de nadie?
El mundo es de quien nace para conquistarlo
Y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga
razón.
He soñado más que Napoleón.
He abrazado contra el pecho hipotético más humanidades que
Cristo.
Hice filosofías en secreto que ningún Kant escribió.
Pero soy, y tal vez seré siempre, el de la buhardilla,
Aunque no viva en ella;
Seré siempre el que no nació para esto,
Seré siempre sólo el que tenía cualidades;
Seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie
de una pared sin puerta,
Y cantó la cantiga del Infinito en un gallinero,
Y escuchó la voz de Dios en un pozo cegado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Que me derrame la Naturaleza sobre la cabeza ardiente
Su sol, su lluvia, el viento que me despeina,
Y lo demás que venga si viene o que tenga que venir, o que no
venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
Conquistamos todo el mundo antes de levantarnos de la cama;
Pero nos despertamos y él es opaco,
Nos levantamos y es ajeno,
Salimos de casa y es la tierra entera,
Más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
(Come chocolates, niña;
¡Come chocolates!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que la de los
chocolates.
Mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, niña sucia, come!
¡Si pudiera yo comer chocolates con la misma verdad con que tú
los comes!
Pero yo pienso y, al quitarles el papel plateado, que es de estaño,
Arrojo todo al suelo, como tiré la vida.)
Pero queda al menos de la amargura de lo que nunca seré
La caligrafía rápida de estos versos,
Pórtico hendido hacia lo Imposible.
Pero al menos dedico a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
Noble al menos por el gesto amplio con que arrojo
La ropa sucia que soy, sin motivo, para el decurso de las cosas,
Y me quedo en casa sin camisa.
(Tú que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
O diosa griega, concebida como estatua con vida,
O patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
O princesa de trovadores, gentilísima y colorida,
O marquesa del siglo dieciocho, escotada y distante,
O cocotte célebre del tiempo de nuestros padres,
O no sé qué moderno —no concibo bien qué—,
Todo eso, sea lo que fuera, lo que sea, si puede inspirar ¡qué
inspire!
Mi corazón es un balde vacío.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus me invoco
Me invoco a mí mismo y nada encuentro.
Me acerco a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan.
Veo los entes vivos vestidos que se cruzan,
Veo los perros que también existen,
Y todo esto me pesa como un condena al destierro,
Y todo esto es extranjero, como todo.)
Viví, estudié, amé y hasta creí,
Y hoy no hay mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
En cada uno miro los andrajos y las llagas y la mentira,
Y pienso: tal vez nunca hayas vivido ni estudiado ni amado ni
creído
(Porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer
nada de eso);
Tal vez hayas existido apenas, como un lagarto a quien cortan
la cola
Y que es cola más acá del lagarto que se retuerce.
Hice de mí lo que no supe,
Y lo que pude hacer de mí no lo hice.
Vestí un disfraz equivocado.
Me tomaron enseguida por quien no era, y no lo desmentí, y me
perdí.
Cuando quise arrancarme la máscara,
Estaba pegada a la cara.
Cuando la arrojé y me vi en el espejo,
Ya había envejecido.
Estaba borracho, y no sabía vestir el disfraz que no me había
quitado.
Arrojé la mascara y dormí en el vestidor
Como un perro tolerado por la gerencia
Por ser inofensivo
Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.
Esencia musical de mis versos inútiles,
quién pudiera encontrarte como cosas que yo hice,
Y no quedarme siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente,
Pisoteando la conciencia de estar existiendo,
Como un tapete con el que tropieza un borracho
O la esterilla que los gitanos roban y no vale nada.
Pero el Dueño de la Tabaquería se asomó a la puerta y se quedó
en ella.
Lo miro con la incomodidad de la cabeza torcida
Y con la incomodidad de una alma que mal entiende.
Él morirá y yo moriré.
Él dejará el letrero, yo dejaré versos.
Y un día morirá el letrero y también mis versos.
Después morirá la calle donde estuvo el letrero,
Y la lengua en que fueron escritos los versos.
Morirá después el planeta girante en que todo esto sucedió.
En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como nosotros
Continuará haciendo cosas como versos y viviendo debajo de las
cosas como letreros,
Siempre una cosa frente a otra,
Siempre una cosa tan inútil como la otra.
Siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño del
misterio de la superficie,
Siempre ésta o aquella cosa o ni una ni la otra cosa.
Pero un hombre entró en la Tabaquería (¿a comprar tabaco?),
Y la realidad plausible cae de repente sobre mí.
Me incorporo a medias enérgico, convencido, humano,
Y voy a intentar escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
Y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos.
Sigo el humo como mi camino,
Y gozo, en un momento sensitivo y adecuado,
La liberación de todas las especulaciones
Y la conciencia de que la metafísica es la consecuencia de una
indisposición.
Después me reclino en la silla
Y sigo fumando.
Seguiré fumando hasta que el Destino me lo permita.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
Tal vez sería feliz.)
Visto esto, me levanto de la silla. Me acerco a la ventana.
El hombre salió de la Tabaquería (¿guarda el cambio en el bolsillo
del pantalón?).
Ah, lo conozco: es Esteves sin metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta.)
Como por un instinto divino, Esteves se volvió y me vio.
Hizo una señal de adiós, le grité ¡Adiós, Esteves!, y el universo
Se reconstruye en mí sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la
Tabaquería sonrió.

*Álvaro de Campos

 

  

11 novembre

El lápiz

 
EL LÁPIZ
 
Me retiro de la ventana y me siento en una silla. ¿En qué he de
pensar?
¿Qué sé yo lo que seré, yo, que no sé lo que soy?

 De Tabaquería ( Ese monumento vivo, vivo), de Fernando Pessoa

 
Se puso a creer,
cuando la nube desnudó  la luna,
en la posibilidad de que el lápiz de su mano
respirara,
a la manera de un ciervo recién nacido:
abrazado al filo del otro lado.
Pisando el de este mundo.
 
Se puso a temblar,
cuando la luna desnudó las calles,
con la posibilidad de que el lápiz de su mano
hablara,
a la manera de un niño recién parido:
mordiendo el aire de este mundo.
Olvidando el del otro lado.
 
C.D.G
 
 
 
 
09 novembre

Variación 3 (o 4) sobre una estrella del escenario ( o de un descampado)

Le pidieron una respuesta inmediata. La audiencia se mordía las uñas, evitaba el parpadeo, se removía en el asiento, afilaba los oídos.
Y él dio la espalda al micrófono, salió de allí sin quitar los ojos del suelo y, una vez en su camerino, se sentó, frotó su cara con la primera toalla que agarró y dijo al espejo lo que ahí afuera esperaban pero, creedme, no querrían oir.
Aporreaban la puerta sus amigos, su representante, los ramos de rosas. La llave no la abriría hasta que el teatro se vaciara, hasta que las luces dejaran de mentir, hasta que pudiera desnudarse, despeinarse, llorarse  y ,a solas, sentirse alguien mirando la verdad pintada en el silencio del espejo del camerino y la lucidez de su gesto loco.
 
C.D.G
  
 
08 novembre

De huecos, letras y acordes.

1- Unas completísimas obras incompletas de Calamaro rellenan, como a un pavo navideño y norteamericano, un hueco casi invisible pero difícil de cubrir. Algo parecido ocurre este noviembre con un daiquiri triste,con un exbeatle y su primer disco, con un Stevie Wonder y sus visiones interiores. Con el salmón argentino se añaden unos textos que son puro regalo: carne de días enteros calamarianos. Hay cosas que, tengas la edad y el futuro que tengas, se esperan con la impaciencia de un niño.
2- La Celda 211 es angustiosa, no promete sonrisas y vino milagroso. Pero uno sí  se siente atraido por sus cuatro paredes tatuadas. La Celda 211, sin embargo, trae historias poco creibles, por mucho que tu cabeza esté dispuesta a todo. Esa Celda, en definitiva, te entretiene, te mantiene en tensión, pero se queda, que no es poco, en el país de las buenas películas.
3-Libra, de Don Delillo, se escapa de mis manos. Se hizo largo el camino para un libro tan bueno. A continuación, cómo el escritor cuenta el asesinato de Oswald por el grasiento Jack Ruby. Días de un país anodadado. Días, aún hoy, cojos, opacos.
 
   Casi todos los reporteros y tres cámaras de televisión se encontraban en la rampa  que comunicaba con Main Street, a la derecha de Jack. En lo alto de la otra rampa aguardaba un camión blindado. Ya lega. Ya llega. Ya llega. La puntualidad era absoluta, el emplazamiento era exacto. Se encendieron los focos. Todo fue en blanco u negro, toques de luz y grandes sombras. Vio que un grupo de agentes salía de la oficina de las celdas escoltando al detenido, que llevaba un jersey oscuro y parecía un don nadie salido de la nada. Los periodistas se estremecieron. Fogonazos, gritos que retumbaron en las paredes, a Jack todo le resultó extraño, como si ya lo hubiera vivido, y permaneció bajo la luz artificial del sótano húmedo, con las rampas sucias por el humo de los tubos de escape y una sobrecarga de octanos en la atmósfera.

   Ya llega.

  Jack se aparta del gentío y de antemano vio cómo ocurría todo. Sacó la pistola del bolsillo, la movió disimuladamente, la golpeó contra su muslo. Se abrió un sendero. Nadie se interponía entre Oswald y él. Jack levantó el arma. Dio una última zancada y disparó una vez, un tiro en el centro del cuerpo y apocos centímetros de distancia.

   Oswald cruzó los brazos y sus ojos se tensaron. Emitió un sonido, un gruñido ronco, grave y desolado. Inició la caída a través de un mundo de dolores.

   Una maraña de cuerpos cubrió al pistolero, todos aquellos hombres con Stetson que respiraban con dificultad y luchaban por hacerse con la pistola. Alguien clavó una rodilla en la barriga de Jack. No entendió por qué adoptaban esa actitud. Puesto que lo conocían, resultaba innecesaria. Se sintió aún peor al oír la voz de Russell Shively por encima de otros sonidos.

   —Jack, Jack, hijo de puta.

   

4- A los fogonazos de Don Delillo les sigue un dos y tres seis. Bolaño's tour de force. Tantas ganas por leerlo..¿llevarán a la decepción?. Quiero que la duda me ofenda. Otro hueco que había que cubrir. Otro regalazo  de un regalazo de persona. Benditos los huecos que pueden taparse. Malditos los que cada vez son más hondos y huelen peor.

5- Del All Things Must Pass, de Harrison (edición 2000): Un Beware of Darkness en carne viva, sin banda detrás. Una joya que le tocó Harrison a Phil Spector con la idea de que él le produjera el disco. Una joya que para mí supera a la que se grabó luego, que ya es maravillosa. Pero en ésta se siente una voz tomada,una guitarra "made in George", un tono amateur, el olvido de algunos versos que indican que aún estaba por pulir, la genialidad al desnudo de alguien que parece no saber que le están grabando, como si un beatle necesitara hacer un casting días después de morir la banda. Resumiendo: que me emociona esta versión sencilla que descubrí hace pocos días.

   

 

06 novembre

Ayer para quedarse

Hoy es un día de Febrero, de Abril, de Mayo.
Hoy es otro año.
Hoy es hoy.
Lo dice el calendario de ruinas caseras.
Hoy es ayer y las escuchas
( unas 674, según últimos estudios )
por primera vez
para quedarse
para siempre.
Para siempre junto a su rostro.
Siempre junto a tu silencio, tu ruido.
Ayer y descubres.
¿El día de la marmota?
Ponle el nombre más hortera.
Ayer y descubres
lo que un hoy de Noviembre volverás a escuchar.
Una canción es una puerta.
El tiempo es un capricho de un cerebro de cinco añitos.
Y este pensamiento lo mejoraría un feto.
 
C.D.G
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
05 novembre

Rock and Roll Suicide

El tiempo pilla un cigarro, lo pone en tu boca y su humo toma la forma y el volumen de la voz de Bowie, que, rabioso o esperanzado o épico, ladra que no estás solo, que eres maravilloso.
David Bowie tiene unos ojos únicos, un talento descomunal y un saco de canciones para guardar en las tripas de cualquier vida. Pero no tiene ni idea. O miente.
C.D.G
 
 
 
 
04 novembre

Palabras vacías

Algo entre el viento y las alas de la palmera.
Algo a lo que no poner nombre.
No hay ahora necesidad.
 
Ensombrecida luz entre las miradas,
cruzadas como invisibles.
O con toda la intención.
Ajeno llanto desde otro niño,
hambriento como volcánico.
O con toda la intención.
 
Nadan todas las cosas
entre acordes perfectos
y un cuadro sin pinceles
y la imperfección del despertar
y el orden de los minutos.
Lejos queda la luna a medio hacer.
Cerca la sorpresa de tu llegada.
Cerca la luna de Debussy,
Lejos la sorpresa de tu ausencia.
 
Algo entre el viento y las alas de las palmeras,
algo que no es vals, no es tango, no es ladrido.
Algo a lo que no poner nombre.
Ya lo pondrá la necesidad,
la contemplación pausada
de la vida
en la piel de tus sentidos.
 
C.D.G
 
 
 
 
 
Donde dice "Soy un preso en la retina" es " El sol impreso en la retina". Preciosa la frase que cree entender el que hizo el video.
 
03 novembre

Curiosa cosa

Curiosa cosa el mundo, que te ofrece de todo en pocos minutos.
Salir de casa y echar la quiniela mientras el sitio que siempre ha sido mudo resucita lleno de música. Edith Piaf y su vida de color rosa acompaña mi Milán-Real Madrid: 2.
Escuchar a un hombre, con rasgos, acento y origen sudamericano preguntar la hora a un vendedor de cupones con rasgos y acento español y origen invidente. Más ciego que la justicia. No siempre los que vemos... vemos.
Ver que en uno de los colegios de tu barrio, para devolver a los niños al redil de las clases, los altavoces escupen Zarzuela. Y en otro, pegado a tu casa, Robbie Williams. El efecto es el mismo: los niños prefieren oir sus propios gritos que las canciones ajenas. Pero vuelven a sus sillas, a cambiar juegos por lápices.
Comer mientras te dicen que ha muerto Francisco Ayala. Y pensar entonces que duele que se muera una persona tan joven. Duele también haber dicho tantas veces que leerías algo suyo y haberte quedado en eterna promesa, como algún futbolista. Nada más allá de aquellas  conversaciones con Juan Cruz o García Montero, donde agarrado a un whisky alargado hablaba sobre libros, compañía, pasado y futuro. Nada más allá de algún fragmento de algún libro suyo. Todo se andará. Como anda el mundo, esa cosa curiosa.
 
C.D.G
02 novembre

CANCIONES QUE SON VELAS QUE SOPLAR, TARTAS QUE MORDER

 
 
 
 
 
 
30 ottobre

Pedazos de Octubre

 

 

Con arena o sin ella. Con luna o sin ella. Con hierba o con barro. Con Madrid o sus sombras. Con barca o embarcado. Con calamares o tomates. Con verdades de oro  sobre el cemento o con cemento bajo nuestros pies de goma.
Con risas largas o  larguísimas risas.
Horas llenas en ese pueblo capital, con capitales compañías.
Y lo que Madrid se calla, que no lo digan sus dueños, sus Quevedos y sus sueños.
Y que siga siendo la Villa un cuadro de Goya, un recuerdo del turista, una canción de Joaquín.
Una postal sin mandar, porque todos somos de allí.
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Mientras se carga la canción miramos por la ventana. Ese humo no es de tu penúltimo cigarro. Este ruido sí es de mi cerebro en marcha atrás. Parafraseo a Stefan Sweig y te digo que esta ciudad es la ciudad del futuro...y siempre lo será. Lo sé, es una gran frase. Si fuera mía, si yo la hubiera parido, compraría un altavoz y arrodillaría al mundo hasta el éxtasis. El führer de las frases geniales. Pero sólo tengo el ruido de mi cerebro en marcha atrás y lo que miramos por la ventana mientras se carga la canción.
Me dices que me fije, que mire detrás del sauce llorica, que el viejo de boina roja parece querer decirnos algo. Está lejos para escucharlo, cerca para oirlo. Del sauce sale el viejo, del viejo sale una voz; de la voz, la última frase que escuchamos antes de que empiece la canción:
- Siempre quedan putas a lomos de un auxilio, con su melena al viento del cielo del capricho.
Donde yo oigo putas tú oyes lluvias. Donde yo capricho tú nada.
Da igual, la confusión y el viejo no nos sacarán de casa, de nuestros libros, de nuestros líos, de nuestros discos de siempre.
Play.
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" Vendo mis fracasos al peor postor", dijo una sombra cualquiera a una ciudad con nombre.
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¿ Y los que viven viendo como todos los vals acaban en tropiezo? ¿Para esos existe un Fred Staire que imparta clases magistrales? ¿O basta con una sombra que se carcajee en nombre del resto del mundo, para curtir tus pies rotos?
¿ Y los que prefieren callar los ojos por no sangrar la boca? ¿ Para esos existe una canción que pinte el cuadro que jamás protagonizarán? ¿ O basta con un piano en el iris del sueño, en nombre del resto de una noche, para curtir tu vida rota?
Como una estatua: te mueven sólo los pensamientos de otros.
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Cuando estampó su pensamiento,como una bofetada, en lo que podría ocurrír en otra ciudad, con otra persona, su cerebro comenzó a arder y a llorar. Sí, es posible en el mundo de los atormentados, que no se reunen jamás por miedo a ser considerados, como grupo, arma de destrucción masiva. O gente demasiado sabia. O ambas cosas. Sí, es posible.
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No sabes si son tus llaves las que abren la puerta de tu casa.
No sabes si ese trozo de papel con cuatro palabras es tuyo, pero esa es tu mellada caligrafía.
No sabes si la persona reflejada en la ventana eres tú, pero imita tus gestos, teclea como tú tecleas. De reojo mira lo que miras de reojo.
Tocas las llaves, lees las cuatro palabras, miras la ventana:
"Está llena de otros esta habitación".
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1-¿Renegaré de esto también? ¿Haré una pelota con estas palabras y la tiraré por la ventana? Que nadie la reciba, por dios. Que nadie deshaga el entuerto y entienda estas frases arrugadas de tinta azul. Qué vergüenza infantil. Qué abismo. No sirve que me esconda los ojos. No, definitivamente no haré una pelota con esto. Si acaba en fracaso, en frustración, si acaba en lo de siempre lo dejaré con el resto de hojas muertas, a un lado de mi mesa, carne de reciclado ( para sentirme bondadoso un minuto). Pero esa idea de tirar la hoja arrugada por la ventana no debería haberla tenido. Esto que escribo es para mí.
Cerca de mi casa un gilipollas hace trompos con su coche porque no sabe hacerlos con su vida.

2-Nunca he escrito una línea que haga nacer en mí la sincera convicción de que impactaría, emocionaría o gustaría a alguien. Una frase que me haga decir: Quien lea esto, no lo olvidará nunca. Nunca he escrito nada decente. Soy una máquina de romper hojas, de perder el tiempo, experto en chocarme contra paredes hasta teñirlas de mierda. No cuesta tanto, la verdad.
En la radio hablan de fútbol  tapando una canción de Costello.

3-Leo cualquier suspiro de Santuario, cualquier diálogo de Joyce o cualquier verso de la suicida Plath y me levanto, me asomo al balcón y trago con muecas exageradas todo el aire callejero que puedo. Me asfixia tanto talento ajeno, pero no quiero dejar de ahogarme varias veces al día: sentirse vivo con medio pie fuera de todo. Lo saben los inconscientes y el marido de Zelda.
Hace años conocí a Romualdo Tizón, ya saben, el blanco que se parecía a John Coltrane. El blanco que siempre escuchaba a Coltrane. Solíamos tener la misma conversación cada poco tiempo. Me decía que nunca había leído un libro entero. Que no era necesario. No quería argumentos, personajes definidos, una visión del mundo. Buscaba pistas, guiños. O nada. Lo que el azar decidiera. Pero yo no creo en el azar, añadía Romualdo. ¿Entonces?
- Entonces nada, chico. Abro el libro, leo una frase, la primera que cacen mis ojos, la apunto enumerándola en una de mis Moleskine. Cierro el libro. No vuelvo a abrirlo jamás aunque cada mes quito el polvo a cada uno de los 3744. Y créeme, nunca copio frases triviales.
Solía decirle entonces que los libros, hasta los más sabios, están llenos de frases triviales. Sí, respondía él, pero nunca me he encontrado con nada hueco en un libro. Cada línea que leo es extraordinaria. ¿Azar? No, ya te he dicho que no creo en el azar.
¿Y en que creía este tipo raro?
- En la literatura.

4-Si ahora me escuchara Romualdo Tizón le diría que ahora yo también creo en la literatura, que jamás leo un libro entero, ni un párrafo entero, que me basta con unas palabras de Rayuela, por ejemplo, para saber lo que es la fe.
Si ahora me escuchara Romualdo Tizón me preguntaría, con su calma imponente, porqué entonces mando a reciclar lo que yo escribo.
- Porque ya no me escuchas, porque jamás me leiste, porque ya no hay Moleskine que valga. Porque decidiste acabar contigo como acabaste tus libros. Sin terminarte.
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Todas las luces se las bebe ella en cuanto aparece en escena. Dadle un segundo y se quedará con las horas que dure la velada.
El poder que da la importancia, supuso él.
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Le has robado las gafas a Richard Hawley. Te pones grave y elegante. ¿ Un crooner en el siglo de lo breve? Tú también piensas en un regreso a casa cuando escuchas The Ocean. La canción debería calmarte pero el corazón salta. Piensas en cómo quieres que sea todo, en la levedad del aire que te acompañará junto a tus pasos hasta el sueño. Si hoy es domingo, esto es más de lo mismo. Si las carcajadas te empujan la espalda, sigues vivo. Deja en el bar lo que hayas visto, lo que hayas oído, todo lo que te has merecido a fuerza de ser el estúpido mayor del reino de los estúpidos. No saques el teléfono del bolsillo, no agarres el bolígrafo de las pequeñas ocasiones. Que sea la nada la que haga el trabajo sucio. Y si notas dolor, mírate y calla. Que es lo que el espejo espera de tí.
Te quitas las gafas de Richard Hawley y esperas de tí lo mejor. Adelante. ¡Rímel y fanfarria!, gritan las musas emparedadas.
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Olvidaste el comienzo cuando empezó el final. No supiste dónde quedaron las primeras palabras de esto. Dónde el camino al que te llevarían esas palabras. Te empeñaste en recordarlas para plasmarlas aquí. Pero, zas, desaparecieron. Y ahora das vueltas al lenguaje para llegar a la soledad de un folio en blanco. Que una canción rellene la ausencia.
Mientras tanto me duele mirar la pared de otra habitación. Y que todo sea un círculo de fuego.
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El entuerto no cabe en el plato de arroz,
no se esfuma en el hielo del vaso.
Esto queda en el cajón de lo atroz,
antes de dar tu primer paso.
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Los platillos acompañan al estribillo.
El Hammond llora contigo.
Su risa te agarra el hígado.
Tú agarras otro disco.
Todo gotea.
Y apesta lo que pintas,
lo que callas.
Foribundos los quiere dios.
Deszocado te quiere el día.
Nadie más está aquí para llamarte breve.
Cuando ella quiera dejarás de ser
sus manos.
Cuando tú quieras será tarde
para amanecer.
El charco te da tu única cara
y la cara tu única espalda,
repleta de kilos de canciones,
noches por limar,
trampas de ojos sellados,
palabras que doblar para que quepan
en tus diminutos sueños.
Y dentro una llama.
Dentro una bomba.
Algo te dice que deberías mirar,
sólo,
lo de fuera:
Esa luz.
 
Jamás podrás escribir un final
aunque lo tengas en brazos.
 ---------------------------------
Cualquier silencio te pesará,
tarde o temprano,
en los bolsillos.
Tanto peso callará,
tarde o temprano,
en tus pasillos.
Nidos ellos de juegos de niños,
de remolinos etílicos,
de paradas ante el espejo,
de un ir y venir sin regreso.
De una vida entre la felicidad y el miedo.
Entre la brisa y la navaja.
--------------------------------
Salivazos al Da Vinci es lo que te pide el cuerpo.
O un grito que escandalice al museo y despierte al mundo.
Demasiadas rabietas de niño para tan poco talento.
Encumbrado tu ridículo y tu pensamiento humo,
huyes como los lirios del otro sueño,
imperceptiblemente agriado
por la encharcada ciudad renacentista.
 
Entre columnas y sudores
tu mirada vigila el beso ajeno.
 
El tenor desliza el barroco horizonte hasta tus pies,
que rasga o desnuda lo que quisiste vivir.
Tus jinetes del apocalipsis no necesitan caballos.
Les basta tu culpa de todos los tiempos
y el dolor de verdad dorsal
para cabalgar sobre sonrisas de suficiencia.
 
Entre columnas y sudores
tu mirada llora el éxtasis ajeno.
 
La noche alienta al miedo como el ruido a la violencia.
Los violines se funden con el destino
y azotan la ciudad,
abren el suelo,
giran el cielo.
 
Sin columnas ni sudores,
sin cuadro que escupir,
tu mirada agoniza
y abre la boca
respirando escombros.
¿Quién será desde ahora el otro?- Preguntas.
El otro seré yo- Contestas.
 
Se cierran tus ojos
y el cielo
y el viento.
Nadie oye tu certeza.
Nadie tu muerte.
El otro,
contestas,
soy yo.
El del lado nublado de un pasado cualquiera.
 ---------------------------------
 
 
29 ottobre

29 de Octubre

Salivazos al Da Vinci es lo que te pide el cuerpo.
O un grito que escandalice al museo y despierte al mundo.
Demasiadas rabietas de niño para tan poco talento.
Encumbrado tu ridículo y tu pensamiento humo,
huyes como los lirios del otro sueño,
imperceptiblemente agriado
por la encharcada ciudad renacentista.
 
Entre columnas y sudores
tu mirada vigila el beso ajeno.
 
El tenor desliza el barroco horizonte hasta tus pies,
que rasga o desnuda lo que quisiste vivir.
Tus jinetes del apocalipsis no necesitan caballos.
Les basta tu culpa de todos los tiempos
y el dolor de verdad dorsal
para cabalgar sobre sonrisas de suficiencia.
 
Entre columnas y sudores
tu mirada llora el éxtasis ajeno.
 
La noche alienta al miedo como el ruido a la violencia.
Los violines se funden con el destino
y azotan la ciudad,
abren el suelo,
giran el cielo.
 
Sin columnas ni sudores,
sin cuadro que escupir,
tu mirada agoniza
y abre la boca
respirando escombros.
¿Quién será desde ahora el otro?- Preguntas.
El otro seré yo- Contestas.
 
Se cierran tus ojos
y el cielo
y el viento.
Nadie oye tu certeza.
Nadie tu muerte.
El otro,
contestas,
soy yo.
El del lado nublado de un pasado cualquiera.
 
C.D.G

  
 
Cualquier silencio te pesará,
tarde o temprano,
en los bolsillos.
Tanto peso callará,
tarde o temprano,
en tus pasillos.
Nidos ellos de juegos de niños,
de remolinos etílicos,
de paradas ante el espejo,
de un ir y venir sin regreso.
De una vida entre la felicidad y el miedo.
Entre la brisa y la navaja.
 
C.D.G
 
Quique González/ César Pop
 
 
 
 
 
 
28 ottobre

En mi vida